Gildo Insfrán, dueño y patrón de Formosa

Opinión 03 de febrero de 2021 Por Omar De Marchi (*)
La cultura política de la provincia alerta sobre las consecuencias que podría tener esta visión autoritaria de la democracia, por el silencio de los organismos que pretenden arrogarse los derechos humanos.
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La situación en Formosa es, por fortuna, cada vez más visible y notoria. Las violaciones a los derechos humanos más elementales, como es la libertad de expresión, de circulación, la libertad misma, han quedado expuestos. Y distintas organizaciones, nacionales e internacionales ya están investigando las razones de prácticas autoritarias e ilegales en la provincia que gobierna Gildo Insfrán.

Lo que está en debate, a propósito de Formosa , es la calidad de nuestras instituciones en una democracia que tanto ha costado recuperar y que día a día, y en legítima defensa de un sistema perfectible, trabajamos para consolidar en beneficio del país. 

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La cultura política de Formosa alerta sobre las consecuencias que podría tener esta visión autoritaria de la democracia sobre la Argentina. Muy especialmente por el silencio escandaloso de los organismos que pretenden arrogarse la representación de los derechos humanos en el país. Y también por el oficialismo, que está siendo parte del maquillaje de la Formosa de Gildo Insfrán, más que su gobernador, su dueño y patrón.

El Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, acaba de dar una muestra más de complicidad (¿o de debilidad?) con el régimen de Formosa, al desestimar las recomendaciones realizadas por la organización de derechos humanos Amnistía Internacional.

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¿Será Formosa el modelo de democracia que merecemos los argentinos? ¿Queremos que sea el ejemplo de cultura política o más bien la triste excepción? Ningún ciudadano responsable lo duda: Formosa es todo lo que no queremos vivir, ni en el presente y menos en el futuro. Aceptarlo sería retroceder en calidad institucional, sería resignarnos a negociar nuestra libertad a cambio de no ser hostigados por el dueño y patrón.

Como epílogo al rechazo de las violaciones de derechos humanos perpetradas en Formosa y reclamando investigaciones sobre los responsables de las mismas, surge el triste adiós a la pequeña Abigail Jiménez. Falleció a los 12 años, víctima de cáncer, y nos resultó conmovedora su historia, a partir de la épica de su padre. Desafiando estas medidas autoritarias, esta vez en Santiago del Estero, fue llevada en brazos durante varios kilómetros en busca de atención médica, meses atrás.

Estos hechos deben servir para poner en valor los derechos humanos más elementales: la libertad y la vida. El sistema democrático es vida, libertad, participación, esperanza y progreso, al revés de lo que ejecutan varios patrones feudales en la Argentina del 2021.

LA COLUMNA FUE PUBLICADA EN EL PORTAL EL CRONISTA

SOBRE EL AUTOR: (*) Omar De Marchi es Diputado Nacional Juntos por el Cambio y Vicepresidente Cámara de Diputados.