De golpe, la vida nos cambió

Superación 30 de marzo de 2020 Por María para Bio Emociones
La soberbia humana se arrodilla ante un enemigo invisible y por primera vez valoramos la ciencia por encima de la economía.
Diseño sin título

Dejamos de lado nuestras rutinas, estudios, trabajo, deportes, sociales, responsabilidades. Y aparece el aislamiento. Nos encontramos ahora encerrados sin posibilidades de tener contacto social. 

Se ha terminado todo lo que nos impedía alzar nuestros ojos al cielo, mirar las estrellas, escuchar el mar, el canto de los pájaros, sonreír a los animales en el bosque, respirar la montaña, escuchar el sentido común.

No dimos importancia a los avisos de la naturaleza. Los incendios que quemaron los pulmones de la tierra no nos detuvieron. Tampoco los glaciares que se están desintegrando ni las ciudades que se están hundiendo. No tomamos conciencia de ser los únicos responsables.

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Claro, ¡Cómo vamos a prestar atención estando tan ocupados! No podemos estar sanos en un ecosistema enfermo. Esta pandemia nos obliga a retomar el camino del equilibrio.

¿Te has planteado el para qué vivimos esto?
El Universo nos obliga a reconectarnos con nuestra esencia. Es el momento de reencontrarnos con nosotros mismos y preguntarnos si la vida que llevamos es la que deseamos.

Es el momento de analizar nuestros vínculos. ¿Amamos? ¿Respetamos? ¿Sentimos empatía, solidaridad? ¿Valoramos? ¿Agradecemos? ¿Colaboramos? ¿Damos y recibimos? ¿Qué hay de los juicios que emitimos cada día? ¿Compartimos con quienes realmente deseamos? ¿Disfrutamos de lo que realmente nos gusta o damos prioridad al deber ser o al pertenecer?

La economía, el consumo, las costumbres, el ser parte “de”, ¿hacen que corramos detrás de lo que realmente deseamos? La reflexión y la auto indagación son nuestra llave hoy. Permitamos que el silencio nos enseñe.

¿Somos coherentes emocionalmente con nuestros sueños, con nuestras emociones, con nuestros sentimientos?
La pandemia que estamos atravesando nos regala una nueva oportunidad para ordenar nuestra escala de valores. Nuestra pirámide estaba invertida. Comprender qué es lo importante en nuestra vida, y dejar de lado lo pasajero, lo superfluo o lo trivial. Nos abre las puertas para unirnos, a pesar del aislamiento.

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Estamos ante una maravillosa paradoja: Ahora nos sobra tiempo, pero no podemos compartirlo ni disfrutarlo, excepto con quienes convivimos.

¿Para qué?
En primer lugar, esta posibilidad nos obliga a estar con nosotros mismos. Dejar el afuera y animarnos a ir a nuestro interior.

Es la gran oportunidad para analizar qué estamos haciendo con nuestras vidas, nuestro tiempo, nuestros vínculos, nuestro planeta, comprender el propósito real de nuestra vida.

Tal vez el universo trata de decirnos que nada de lo que tenemos en la vida, ni el trabajo, ni la casa, ni tan siquiera el tiempo, merece la pena si no podemos compartirlo con otros.

Luego, nos permite compartir sin prisa cada segundo de nuestro día con nuestra familia. Vivir de una forma totalmente diferente cada actividad que realizamos en casa, porque no hay obligaciones por las que debamos salir corriendo a cumplir.

¿Cuántos de estos momentos que hoy experimentamos, cuántas actividades en familia dejamos de lado por las responsabilidades, por tener más y más y por la vorágine en la que vivimos?

Para algunos será momento de afianzar los lazos familiares, para otros implicará tomar conciencia de que es hora de cerrar ciclos tóxicos.

Solo ante acontecimientos de suma importancia tomamos conciencia de lo equivocados que estamos en hacernos problema por pequeñeces, en no valorar lo que es realmente importante.

La Humanidad necesitaba una sacudida que nos despertara del letargo automático en el que vivimos. El miedo al contagio, a la enfermedad y a la muerte nos invade y entonces los grandes problemas de ayer, hoy se vuelven insignificantes.

Esta crisis nos obliga a despertar. Hoy reconocemos el valor del amor, de los abrazos, de los besos, de la compañía, del compartir con nuestros seres queridos, del disfrutar del aire libre, del poder mirar un paisaje con libertad. Nos damos cuenta de lo importante que significa sentirnos cerca y que fluya el amor.

Ponemos infinidad de condiciones para tener bienestar y solo cuando las circunstancias se vuelven extremas, valoramos lo demás que tenemos.

Cuando Europa se ve más afectada que los países pobres, cuando un beso pasa a ser un arma, cuando el dinero no te salva, cuando los ricos son los que traen la peste, cuando la vida cómo la entendíamos hasta ahora, se detiene para todos y el tiempo se vuelve un castigo, el Universo nos regala una nueva oportunidad para comprender qué es lo realmente importante en nuestras vidas. 

Los seres humanos estamos encerrados y la tierra descansa de nosotros.
No es casualidad que las aguas del planeta estén volviendo a ser cristalinas, los animales libres estén regresando a su hábitat natural del que fueron desplazados por nosotros.

Dediquemos nuestro tiempo para aprovechar a producir el cambio que el Universo nos pide. Dediquemos este tiempo que nos regala el universo a sincerarnos con nosotros mismos, a recordar qué es lo realmente importante.

La mente es una de las herramientas más poderosas del universo, con el conocimiento de sus procesos internos podemos obtener posibilidades sin límite. Dejemos de lado el miedo y viralicemos el amor.

Somos cuerpo físico y energía y la energía se materializa y se proyecta. Por lo tanto, reforcemos una nueva realidad. Dejando de lado el miedo que baja las defensas y fortaleciendo el amor.

De esta crisis solo saldremos juntos, todos unidos y sin fronteras de países, color, raza, status económico...
Tal vez cuando volvamos a caminar, caminaremos más despacio, más unidos, más humildes... más HUMANOS.

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